Por Kamila Estelí Mendoza
Una verdadera educación sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad que te enseñe cuáles son tus derechos
Hablar de educación sexual es siempre visto como algo raro y que no debería ser dicho en voz alta, en especial en sociedades como la nicaragüense, llenas de tabúes, misterios y conservadurismo.
Yo, como joven en esta sociedad me he enfrentado a diversos dilemas al momento de vivir mi sexualidad y esto se ha debido mayormente a la educación sexual que he recibido y en los momentos en los que la he recibido.
Estudié toda mi vida en un colegio católico donde imperaba una política de educación sexual, la llamada “educación para el amor”, donde aprendí que el matrimonio es el único contexto adecuado para la expresión del “amor”, pues la mujer viene al mundo con la única misión de concebir hijos, atender a su esposo y que por lo tanto hay que vivir en abstinencia hasta el matrimonio y evitar a toda costa el uso de anticonceptivos.
La iglesia católica manda a que la educación sexual se limite a enseñarle a los jóvenes o adolescentes las funciones de sus aparatos reproductores, pues erotizan totalmente la sexualidad como si solo se limitara al acto sexual, tratan de inducir a la abstinencia a través del miedo, utilizando las infecciones de transmisión sexual como su espada de convencimiento.
Estudios han demostrado, y a través de mi experiencia he logrado comprobar, que la educación en abstinencia no retrasa el inicio de una vida sexual, pero si influye en cómo vivimos esta. Si vos te educaste bajo esos conceptos y aun así iniciaste tu vida sexual antes del matrimonio, me entenderás cuando te diga que la has vivido en secreto, por el miedo a los perjuicios y el qué dirán de la gente, con miedo de un embarazo no deseado por falta de información, con la idea de que siempre tienes que satisfacer a tu pareja, pues ya que queda, las mujeres estamos para eso.
Pero ahora todo eso quedó atrás, conocí a los derechos sexuales y reproductivos, aprendí que tengo derecho a decir no, a elegir el método anticonceptivo de mi preferencia, decidir si quiero o no tener hijos, vivir una vida sexual placentera sin prejuicios o temores, derecho a decidir mi orientación sexual sin ser discriminado, entre otros relacionados a la libertad que como personas tenemos de decidir sobre nuestros actos y la manera en que vivimos nuestra sexualidad siempre en respeto a los derechos de nuestra pareja.

Descubrí también que el centro de la educación sexual no es sólo el coito y sus posibles consecuencias, una verdadera educación sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad que te enseñe cuáles son tus derechos y hasta donde se extiende, te enseña a romper estereotipos.
Considero que toda persona que quiera disfrutar de experiencias sexuales seguras, libres de violencia o coacción puede lograrlo a través del conocimiento de sus necesidades y de sus derechos. La educación es un Derecho Humano, y requiere que esta sea integral, que se incluya la educación sexual con un enfoque de género, no enfocado en la mujer, sino género en todas sus manifestaciones, pues las personas que creen en la igualdad de género viven relaciones amorosas más saludables y equitativas.

A los que han llegado hasta acá, los invito a informarse un poco más sobre cuáles son tus derechos sexuales y reproductivos lo que implica el conocimiento de estos y la diferencia que puede hacer en tu vida. Hay que recordar que la educación es la mejor arma para la prevención.
